3ª parte de la entrevista a Érika Montilla

¿Cuántas veces has ido a un compromiso familiar o social sufriendo un dolor insoportable solo por no decepcionar a alguien? ¿O cuántas veces te has sentido mal por tumbarte 20 minutos en el sofá a descansar porque sientes que «deberías estar haciendo algo»?

Si convives con fibromialgia, es casi seguro que estas situaciones te resulten muy familiares.

En nuestro último encuentro del canal, tuvimos una conversación llena de sensibilidad y verdad con Érika Montilla (autora del libro Bailando con el dolor). Juntos abordamos una de las cargas invisibles más pesadas que acompañan al dolor crónico: la culpa.

La trampa de la hiperproductividad y el síndrome de la «Superwoman»

Vivimos en una sociedad que premia el estar ocupados a todas horas. Parece que si no dormimos poco o si descansamos a mitad de la tarde estamos «perdiendo el tiempo». Sin embargo, el descanso y el ocio no son un lujo: son una necesidad vital, y más aún cuando se padece una enfermedad de sensibilización central.

Existe una razón por la que la fibromialgia se diagnostica con mayor frecuencia en mujeres: culturalmente, la mujer suele asumir la responsabilidad de cuidar a todos en el hogar, rendir al máximo en el trabajo y estar siempre disponible. Esta autoexigencia extrema de querer «dar la talla» en todo hace que el cuerpo agante tensión hasta que, finalmente, dice basta.

Y cuando el cuerpo frena, aparece la culpa:

  • Culpa por no llegar a todos los oficios del hogar.

  • Culpa por cancelar un cumpleaños o una reunión porque no tienes energía.

  • Culpa por descansar mientras los demás trabajan.

El valor de establecer límites: Decir «no» es decirte «sí» a ti

Aprender a poner límites no te convierte en una persona egoísta. Al contrario: si no te cuidas a ti primero, difícilmente podrás estar bien para los demás.

Para reducir la carga del día a día y liberarte de la culpa, te proponemos poner en práctica estos tres pasos de autocuidado:

  1. Reivindica el tiempo de ocio sin juzgarte: Sentarte a mirar por la ventana, escuchar música o simplemente cerrar los ojos durante 20 minutos sin pantallas es una medicina indispensable para tu sistema nervioso.

  2. Pequeños actos de rebelión cotidiana: Adapta tu vida a tus necesidades reales sin pedir perdón. Si la ropa ajustada te causa alodinia o dolor, cámbiala por prendas anchas; si el pelo largo te resulta pesado de peinar, adáptalo a tu comodidad. Priorizar tu confort físico es un acto de amor propio.

  3. Comunica tus límites con honestidad: Decir «hoy no me siento bien para ir» no requiere una justificación interminable. Quienes te quieren entenderán que necesitas respetar los ritmos de tu cuerpo.

El dolor no tiene la última palabra

Vivimos días difíciles en los que la fibromialgia nos acompaña a cada paso: al levantarnos, al vestirnos o al hacer la comida. Pero como bien nos recordaba Érika en la entrevista, la presencia del dolor no debe apagar nuestras ganas de buscar la felicidad y disfrutar de momentos de calidad.

El camino requiere acompañamiento profesional empático, paciencia con uno mismo y, sobre todo, soltar la pesada mochila de querer llegar a todo.

¿Quieres profundizar en esta charla?

Te invitamos a ver la entrevista completa en nuestro canal de YouTube, donde Érika nos comparte además un conmovedor poema sobre el dolor diario y la esperanza de seguir adelante.

¿Quieres ver esta tercera parte de la entrevista?

Te invitamos a ver la conversación en nuestro canal de YouTube de STOP FIBROMIALGIA para profundizar en la historia de Erika y descubrir más testimonios de superación.

>>> Click aquí para el libro de Érika Montilla «Bailando con el dolor»

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