Entrevista a Érika Montilla
Cuando el diagnóstico de fibromialgia llega a nuestra vida, suele hacerlo acompañado de un gran impacto emocional. De un día para otro, nos enfrentamos a una realidad donde el dolor y la fatiga imponen un ritmo diferente, obligándonos a replantear quiénes somos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno.
En nuestra última entrevista en la comunidad, tuvimos el honor de conversar con Érika Montilla, ingeniera de sistemas de formación y hoy escritora y artista, quien nos compartió su emotivo testimonio sobre cómo afrontar el dolor crónico cuando la vida te obliga a parar.
Del ritmo acelerado al freno imprevisto
Durante años, Erika llevó una vida sumamente activa y de alta responsabilidad. Trabajaba coordinando equipos y sistemas en una gran institución universitaria, una labor exigente que requería atención constante desde primera hora de la mañana hasta la noche. Sin embargo, tras constantes episodios de dolor muscular generalizado, rigidez y agotamiento extremo, llegó la confirmación médica: fibromialgia.
Aceptar el diagnóstico no fue un camino sencillo. Para alguien acostumbrada a la productividad constante y al cuidado de los demás, la recomendación médica de hacer un alto definitivo y tramitar una pensión por enfermedad supuso un auténtico desafío.
Como ocurre en la mayoría de los casos de fibromialgia, el dolor no viene solo: se acompaña de fatiga crónica, insomnio, niebla cognitiva (fibrofog) y vértigos. Reconocer que la energía diaria es limitada y que no se puede mantener el ritmo previo es, paradójicamente, el primer paso para proteger la propia salud.
«Hay que renunciar a cosas y cambiar la forma de vivir, pero también se puede ser feliz y cumplir sueños, aun cuando la primera sensación al abrir los ojos sea el dolor.» — Érika Montilla.
La escritura y el arte como canalizador de emociones
Tras asimilar el giro en su vida, Erika encontró en la creación artística una vía insustituible para gestionar su proceso. Aunque escribía poesía desde su juventud, fue durante su acompañamiento psicológico y en cuidados paliativos cuando comenzó a plasmar de forma explícita lo que sentía en su cuerpo y su mente.
Lo que empezó como un ejercicio íntimo pronto se convirtió en un puente hacia los demás. Sus textos no solo reflejaban su propia vivencia, sino que resonaban profundamente en otros pacientes que no encontraban las palabras para expresar lo que sufrían. Escribir y pintar pasaron de ser un pasatiempo a convertirse en un acto de servicio y una herramienta de sanación emocional.
Aprender a gestionar la energía disponible
Uno de los aprendizajes más valiosos que nos deja la experiencia de Erika es la importancia de la gestión de la energía (pacing). Quienes vivimos con dolor crónico sabemos que abusar de los días «buenos» se paga con días o semanas de recaída.
Aceptar que disponemos de ventanas de energía de pocas horas al día no significa rendirse. Significa priorizar, adaptar las actividades y dedicarse a proyectos que alimenten el alma sin sobrecargar el cuerpo.
Un mensaje para quienes empiezan el camino
Si hoy estás atravesando los primeros momentos tras el diagnóstico o sientes que el dolor agota tus fuerzas, recuerda las palabras de Erika: no pierdas la esperanza.
La fibromialgia transforma nuestra cotidianeidad, pero no apaga nuestro valor ni nuestra capacidad de aportar luz al mundo. A través del arte, la lectura, la escritura o cualquier otra pasión pacífica, es posible construir un nuevo refugio donde el dolor deje de ser el único protagonista.
¿Quieres ver esta primera parte de la entrevista?
Te invitamos a ver la conversación en nuestro canal de YouTube de STOP FIBROMIALGIA








