En Stop Fibromialgia nos gusta dar voz a personas que aportan luz, recursos y esperanza a quienes conviven día a día con esta enfermedad. Hoy hablamos con Ana, creadora de Yoga para Fibromialgia, profesora de yoga terapéutico y experta en mindfulness que, desde su experiencia personal con el dolor crónico, ha creado un espacio de acompañamiento único para mujeres que buscan recuperar energía, movilidad y bienestar.
Su propuesta combina movimiento consciente, gestión emocional y prácticas de atención plena, ayudando a transformar la relación con el dolor y el estrés. En esta entrevista, Ana nos abre su corazón y nos cuenta cómo nació su proyecto, qué herramientas comparte con sus alumnas y qué mensaje quiere transmitir a todas las personas que viven con fibromialgia.
1. Ana, cuéntanos un poco de ti: ¿cómo llegó el yoga terapéutico y el mindfulness a tu vida, y qué papel jugaron en tu proceso personal de sanación?
El yoga llegó a mi vida en un momento muy especial: durante el embarazo de mi hija. Fue un embarazo de riesgo y mi médico me indicó reposo relativo. En ese tiempo descubrí el yoga, y la conexión que sentí conmigo misma y con mi bebé fue mágica. Después de dar a luz decidí profundizar en su práctica y formarme como profesora, aunque nunca imaginé que transformaría mi vida de la manera en que lo hizo. Para mí fue un regalo inmenso, una herramienta de bienestar y sanación que me ayudó a reencontrarme. Hoy mi propósito es compartirlo con otras personas, para que también puedan experimentar esa fuerza transformadora.
2. En tu web mencionas que sufriste dolor y fatiga por años… ¿qué fue el punto de inflexión que te motivó a transformar esa experiencia en una vocación?
Durante muchos años viví con dolor y fatiga, y aunque en el fondo siempre tuve la sensación de que había nacido para ayudar a los demás, no encontraba el camino para hacerlo. El gran aprendizaje fue darme cuenta de que, antes de poder acompañar a otras personas, tenía que aprender a acompañarme a mí misma. Gracias al yoga y la meditación empecé a mirar hacia dentro, a conectar conmigo y a reconocer que necesitaba realmente. Con el tiempo, el dolor y la fatiga fueron disminuyendo mucho, y cuando aparecen sé cómo atenderme y cuidarme. Esa experiencia personal fue la semilla que convirtió mi proceso de sanación en una vocación para acompañar a otras personas.
3. ¿Qué diferencias encuentras entre el yoga terapéutico adaptado y otras modalidades de yoga más generales? ¿Por qué es especialmente adecuado para personas con fibromialgia?
Hoy en día existen muchas modalidades de yoga, y algunas pueden ser muy exigentes físicamente. Sin embargo, para que el yoga sea realmente sanador debe adaptarse a la persona y a sus necesidades concretas. En el caso de la fibromialgia, el cuerpo suele estar dolorido y fatigado, por lo que no tendría sentido forzarlo más. El yoga terapéutico adaptado que comparto se practica desde la suavidad y la escucha, aprendiendo a ser conscientes de nuestras sensaciones y realizando posturas desde el amor hacia una misma. No buscamos el esfuerzo ni la perfección, sino liberar tensiones, dar descanso al cuerpo y generar un espacio de calma interior que también se refleja en la mente.
4. El programa “El Viaje de la Mariposa” de 8 semanas—¿cómo surgió la idea, y qué objetivos tiene más allá del yoga físico?
“El Viaje de la Mariposa” nació de mi propia experiencia y de todo lo que fui descubriendo en el camino hacia el bienestar. Quise crear un programa que no se limitara al yoga físico, sino que integrara los distintos aspectos que considero fundamentales para tener una vida más plena.
El primer paso es desarrollar la consciencia interior: escuchar el cuerpo, las emociones y la mente para poder ver lo que hay y asumir la responsabilidad de nuestro bienestar. Desde ahí, aprendemos a atender nuestras propias necesidades a través del autocuidado y el amor propio.
Después trabajamos las relaciones con los demás, aprendiendo a comunicarnos desde la consciencia y también a protegernos estableciendo límites sanos. Otro de los pilares es cultivar pensamientos y emociones que nos nutran —como la gratitud, la compasión, la aceptación, la fe, la confianza—, que son auténticos recursos internos.
Y finalmente, dar un paso más: compartir esa transformación con el mundo, encontrar propósito y sentido en lo que hacemos. El programa es, en definitiva, un viaje hacia dentro que luego se expande hacia fuera, como la mariposa que despliega sus alas.
5. En tus clases online, ¿cómo logras que sean seguras y efectivas para personas con dolor crónico? ¿Qué adaptaciones sueles recomendar?
En mis clases online lo primero que tengo en cuenta son las condiciones y posibles lesiones de cada persona, para asegurar que las posturas que realice sean seguras. A partir de ahí, doy mucha importancia a la escucha interior: nadie mejor que uno mismo sabe si algo se siente bien o no. Y si una postura genera molestia, la indicación es siempre parar y buscar otra opción.
Trabajo con muchas adaptaciones y recursos: posturas en silla, en la pared, con bolster, cinturón, bloques… lo que sea necesario para que cada persona pueda experimentar los beneficios del yoga de forma accesible y sin dolor añadido.
También insisto en la importancia del esfuerzo moderado: sentir que estamos trabajando y activando el cuerpo, pero sin llegar al límite. Y lo más valioso es que siempre hay opciones, y cada persona puede elegir la que mejor se adapte a cómo se siente en ese momento. Esa posibilidad de elección es, en sí misma, una forma de empoderamiento: poco a poco vamos recuperando la confianza en el propio cuerpo y en la capacidad de cuidarnos.
6. ¿Qué papel tiene la gestión emocional en la práctica de yoga para la fibromialgia?
Las emociones son energía, y muchas veces esa energía queda atrapada en el cuerpo. Con la práctica de yoga trabajamos a través de los asanas, que no solo liberan tensiones físicas, sino también emocionales. Por eso no es raro que, después de una postura, aparezcan lágrimas o una sensación de descarga sin que sepamos muy bien por qué.
El yoga y la meditación nos ayudan a tomar consciencia de lo que sentimos y a reconocer nuestras emociones sin juzgarlas. Y lo más importante: nos enseñan qué hacer con ellas. Especialmente en el caso de emociones difíciles —como la tristeza, la rabia o la frustración—, la práctica nos da recursos para transformarlas en algo que podamos integrar y que incluso se convierta en una fuente de aprendizaje y fortaleza.
En la fibromialgia, donde el dolor físico suele ir acompañado de un gran peso emocional, este trabajo interior es clave para recuperar equilibrio y bienestar.
7. ¿Podrías compartir un ejercicio o técnica sencilla que alguien podría probar en casa hoy mismo para aliviar tensión o estrés?
Un ejercicio que recomiendo mucho es el “escaneo corporal con respiración”:
1. Recuéstate en un lugar cómodo.
2. Cierra los ojos y lleva la atención a los pies. Siente cualquier tensión o molestia, sin juzgarla.
3. Al inhalar, imagina que envías tu respiración hacia esa zona; al exhalar, siente cómo se relaja suavemente.
4. Sube poco a poco la atención por todo el cuerpo: piernas, caderas, abdomen, espalda, brazos, hombros, cuello y cabeza, llevando la respiración a cada área.
5. Termina notando cómo se siente tu cuerpo en su conjunto y agradeciendo cualquier sensación de alivio o calma.
Este ejercicio no solo ayuda a soltar tensiones físicas, sino que también calma la mente y nos enseña a escuchar nuestro cuerpo, recordándonos que siempre podemos elegir cómo atendernos y cuidarnos.
8. ¿Cómo integras el mindfulness en tus sesiones? ¿Qué beneficios observas en quienes lo practican de forma regular?
El mindfulness es, en esencia, el entrenamiento de la atención. En mis sesiones de yoga lo integro enfocándonos en las sensaciones del cuerpo y en la respiración. Esto es fundamental porque nos ayuda a escuchar nuestro cuerpo y atenderlo antes de que llegue al límite o nos “grite”.
Llevar la atención al cuerpo nos saca del constante ruido de la mente y nos trae al momento presente. Las personas que practican mindfulness de forma regular suelen notar más calma, mayor claridad mental y una conexión más profunda consigo mismas. En pocas palabras, cultivar esta atención consciente nos ayuda a vivir con más serenidad y, literalmente, con más felicidad.
9. ¿Ha habido alguna experiencia o testimonio de alumnas que te haya marcado especialmente y quieras compartir?
He tenido la suerte de recibir testimonios de alumnas que me han contado cómo la práctica de yoga les está ayudando a sentirse mejor, a manejar el dolor y a recuperar un poco de bienestar en su día a día. Escuchar eso siempre me conmueve profundamente, porque me recuerda por qué hago lo que hago.
10. Cuando surgen episodios de fatiga intensa o brotes de dolor, ¿cómo sugiere una rutina que se adapte sin sobrecargar el cuerpo?
Cuando aparecen episodios de fatiga intensa o brotes de dolor, lo más importante es escuchar al cuerpo y adaptarnos a lo que necesitamos en ese momento. No se trata de “forzar”, sino de buscar pequeñas prácticas que nos aporten alivio y conexión.
Por ejemplo, se puede optar por:
• Respiración consciente y pausada, para calmar la mente y oxigenar el cuerpo.
• Movimientos suaves en silla o tumbada, como estiramientos ligeros de brazos, cuello o espalda.
• Posturas de descanso, como el “apoyar las piernas en alto” o recostarse con un bolster bajo la espalda.
• Meditación o visualización guiada para reducir la tensión y reconectar con sensaciones agradables.
La clave es ir paso a paso, con conciencia y suavidad, permitiéndote elegir cada ejercicio según tu energía y capacidad. Esto ayuda no solo a cuidar el cuerpo, sino también a recuperar la confianza en tu propia capacidad de autocuidado.
11. ¿Cómo ha evolucionado tu enfoque como docente desde que comenzaste hasta ahora?
Al principio, mi enfoque como docente era más general, centrado en la práctica estándar de yoga para todos. Con el tiempo, mi experiencia y la conexión con mis alumnas me enseñaron que lo realmente importante es adaptar la práctica a cada persona, teniendo en cuenta su cuerpo, sus necesidades y sus limitaciones.
Hoy me esfuerzo por impartir un yoga accesible para todos, seguro y respetuoso, que permita que cada persona pueda experimentar los beneficios de la práctica a su propio ritmo, sentirse acompañada y recuperar confianza en su cuerpo.
12. ¿Qué recomendarías a alguien que nunca ha practicado yoga o mindfulness, pero que sufre fibromialgia y se siente escéptico o inseguro?
Mi recomendación principal sería dar el primer paso y probarlo por sí mismo. Muchas personas con fibromialgia sienten dudas o inseguridad al acercarse al yoga o al mindfulness, y es completamente normal.
Lo importante es empezar de forma suave y adaptada a cada persona, sin compararse con nadie, y simplemente observar cómo responde el cuerpo y la mente. Con práctica regular, aunque sea unos minutos al día, se puede notar alivio en la tensión, más calma, y una mayor conexión con uno mismo. La mejor manera de superar el escepticismo es experimentarlo y descubrir los beneficios de forma personal.
13. ¿Qué papel juegan la respiración y la atención plena en el alivio de los síntomas?
Juegan un papel fundamental. La respiración es una herramienta que tenemos para influir directamente en nuestro sistema nervioso, ayudándonos, por ejemplo, a calmarnos cuando estamos tensos o ansiosos. Por su parte, la atención plena (mindfulness) nos permite notar las sensaciones del cuerpo, emociones y pensamientos sin juzgar, aceptar lo que sentimos y responder desde la calma en lugar de reaccionar automáticamente al dolor o la fatiga. Así ayudamos a reducir el sufrimiento innecesario y fomentamos una mayor sensación de control y empoderamiento frente al dolor crónico.
14. En tu web destacas “volver a disfrutar la vida”… ¿cómo describirías ese cambio de perspectiva que logras en quienes te siguen?
Cuando hablo de “volver a disfrutar la vida”, me refiero a recuperar la conexión con una misma y con el presente, a pesar del dolor o la fatiga. Las personas que me siguen suelen experimentar un cambio gradual: aprenden a escuchar su cuerpo, a atender sus necesidades, a manejar mejor las emociones y a encontrar momentos de calma y disfrute en lo cotidiano.
Ese cambio de perspectiva no significa eliminar el dolor, sino cambiar la relación que tenemos con él, reconociendo lo que podemos hacer por nosotras mismas y redescubriendo pequeñas alegrías que antes pasaban desapercibidas. Es un proceso que devuelve autonomía, confianza y sensación de bienestar, y permite vivir con más plenitud cada día.
15. ¿Existen momentos del día o circunstancias que, según tu experiencia, son más propicios para practicar yoga o mindfulness siendo paciente con fibromialgia?
No hay un momento único, depende de la persona y muchas veces de sus horarios. Algunas prefieren practicar por la mañana, tras descansar, y otras por la tarde, para soltar las tensiones acumuladas del día. Lo más importante es escuchar el cuerpo y adaptarse a su ritmo.
Si hay mucho dolor o fatiga, incluso unos minutos de respiración consciente o movimientos suaves en silla pueden ser más beneficiosos que una sesión larga. La clave es practicar con atención plena, sin exigencia, y elegir el momento y la duración que tu cuerpo pueda sostener.
16. ¿Cómo te cuidas tú misma cuando no estás impartiendo clases? ¿Qué practicas personales mantienes para sostenerte en los días difíciles?
Me cuido practicando las mismas herramientas que comparto en mis clases: yoga adaptado, respiración consciente, meditación y mindfulness. Estos hábitos me ayudan a escuchar mi cuerpo, atender mis necesidades y mantener la calma, especialmente en los días más difíciles.
Además, procuro darme tiempo para descansar, cuidarme y ser amable conmigo misma, recordando que mi bienestar también depende de cómo me trato y de cómo gestiono mis límites. Practicar lo que enseño no solo me sostiene, sino que también me permite acompañar mejor a mis alumnas desde la experiencia y la coherencia.
17. ¿Tienes algún recurso o recomendación—un libro, una meditación guiada, una postura—que te gustaría que los lectores de nuestro Blog conozcan?
Dos recursos que recomiendo son los libros “Tú no eres tu dolor” de Vidyamala Burch y “Meditaciones para aliviar el dolor” de Jon Kabat-Zinn, que ofrecen herramientas prácticas de mindfulness y compasión para manejar el dolor crónico y la fatiga. También sugiero practicar meditaciones guiadas de respiración y escaneo corporal, útiles para reconectar con el cuerpo y la mente de manera amable.
En cuanto a posturas, una muy recomendable para personas con fibromialgia es Viparita Karani con las piernas apoyadas en una silla o en la pared. Recostada sobre la espalda, apoya las piernas de manera cómoda en la silla o en la pared, cierra los ojos y respira conscientemente. Esta postura ayuda a relajar la espalda y las piernas, soltar tensiones y calmar la mente, favoreciendo la sensación de bienestar y conexión con el propio cuerpo.
La idea es ofrecer herramientas sencillas que cualquiera pueda probar en casa, para empezar a recuperar bienestar de manera progresiva y compasiva.
18. Mirando hacia el futuro, ¿qué proyectos o sueños tienes para “Yoga Para Fibromialgia”?
Mi mayor sueño para Yoga Para Fibromialgia es que el yoga y el mindfulness puedan llegar a todas las personas que lo necesiten, ofreciéndoles herramientas accesibles para manejar el dolor, la fatiga y el estrés, y para reconectar con su propio bienestar.
Quiero seguir creando programas, clases y recursos que sean adaptables a cada persona, y que permitan que más gente descubra cómo estas prácticas pueden transformar su día a día, devolviendo calma, conciencia y sensación de empoderamiento.
19. ¿Qué mensaje final quisieras dejar para las personas con fibromialgia que están leyendo esta entrevista y buscando acompañamiento?
Mi mensaje es que no están solas y siempre hay formas de cuidarse y reconectar con su bienestar, aunque a veces el dolor o la fatiga lo hagan muy difícil.
El yoga, el mindfulness y la autocompasión son herramientas que pueden acompañarte paso a paso, enseñándote a escuchar tu cuerpo, atender tus necesidades y encontrar pequeños momentos de calma y disfrute cada día.
Que cada avance, por pequeño que parezca, es un logro, y que mereces tiempo y cuidado para ti misma. Confía en tu capacidad de aprender a cuidarte y en que siempre es posible recuperar bienestar y sentirte más conectada contigo misma.
20. ¿Dónde te pueden encontrar quienes quieran saber más o unirse a tus clases o programa? (redes sociales, correo, etc.)
Quienes quieran saber más sobre mis clases o programas, o unirse a ellos, me pueden encontrar en:
• Web: www.yogaparafibromialgia.com
• Correo electrónico: info@yogaparafibromialgia.com
• Instagram: @yogaparafibromialgia
Gracias, Ana, por compartir tu experiencia y tu visión tan cercana y transformadora. En un mundo donde la fibromialgia puede llegar a sentirse como una carga diaria, tu trabajo nos recuerda que siempre hay caminos hacia el alivio, el autocuidado y la esperanza.
Desde Stop Fibromialgia animamos a nuestras lectoras a explorar propuestas como la de Yoga para Fibromialgia, que demuestran que, con las herramientas adecuadas, es posible reconectar con el cuerpo, reducir el dolor y recuperar calidad de vida.







