Entrevista a Almudena – Almu Terapias con Alma

Hoy en nuestro blog tenemos el placer de charlar con Almudena Martínez, creadora de Almu Terapias con Alma. Su historia es un ejemplo de superación: tras convivir con la fibromialgia desde muy joven, encontró en la respiración consciente continua y  en la liberación de emociones retenidas una herramienta que le permitió mejorar su calidad de vida y recuperar la ilusión. Ahora comparte esa experiencia acompañando a otras personas que, como ella, buscan una alternativa que complemente sus tratamientos y les ayude a vivir con más bienestar.

1. Almudena, ¿cómo nació “Almu Terapias con Alma” y qué te llevó a crear este proyecto?

Almu terapias con Alma nació el día en que entendí que mi cuerpo no necesitaba que yo hiciera más, sino poder soltar. Llegó cuando ya no podía más: no veía salida, nada me ayudaba y, en vez de mejorar, solo aparecían más diagnósticos y más etiquetas mientras yo seguía igual. Entonces decidí buscar un enfoque que abarcara todo y no se limitará a tapar el síntoma: cuerpo, emociones y alma, con herramientas sencillas y un espacio seguro para descansar por dentro.

Ahí descubrí la respiración consciente continua y la integración emocional. Empecé a dormir mejor, bajó la ansiedad y el dolor aflojó. Sobre todo, dejé de sentirme sola y de sentir que sólo sobrevivía.

“Almu Terapias con Alma” nació para ofrecer justo eso que yo eché de menos: acompañamiento individual, sin juicio ni exigencias, con prácticas de respiración guiadas, voz suave y permiso para ir al ritmo del cuerpo. Lo que me llevó a crear este proyecto fue simple y profundo: que nadie tenga que atravesar esto en soledad y que exista un lugar donde el cuerpo pueda bajar la guardia, escuchar lo que necesita y empezar, por fin, a encontrar alivio.

2. Tú misma sufriste fibromialgia desde muy joven. ¿Cómo fue ese proceso personal hasta llegar a la mejoría que cuentas en tu web?

Fue un proceso largo y muy duro. Desde muy pequeña sentía el cuerpo lleno de alfileres: peinarme era un suplicio y la ropa me hacía daño, como si tuviera cristale991s. No recuerdo un solo día sin dolor. Apenas dormía y los diagnósticos se acumulaban sin que nada cambiara. El punto de inflexión llegó cuando me ingresaron por un tromboembolismo pulmonar agudo y me dijeron que estaba a punto de morir. Lloré muchísimo, pero no me resigné.

Seguí los tratamientos médicos y, además, busqué un enfoque que no tapara el síntoma y abarcara todo: cuerpo, emociones y alma. Ahí apareció la respiración consciente continua y el trabajo de integración emocional. Fue como bajar revoluciones por dentro: empecé a dormir mejor, la ansiedad bajó y el dolor se volvió más llevadero. No fue de un día para otro; fue constancia amable, presencia y un espacio seguro sin juicio.

Con el tiempo recuperé calidad de vida: pude volver a trabajar, a moverme con más libertad y a sentir esperanza. Desde ahí quise ayudar. Por eso nació ALMA: para ofrecer a otras personas ese lugar que yo eché de menos, donde el cuerpo puede bajar la guardia, sentirse acompañado y empezar, poco a poco, a salir del bucle del dolor.

3. ¿Qué sentiste la primera vez que probaste la terapia con respiración consciente continua y qué cambio notaste en ti?

La primera vez sentí ilusión de verdad. Por fin algo tangible que podía hacer yo misma: la respiración está ahí siempre; es automática, sí, pero también puedo usarla a favor de mi cuerpo de forma voluntaria. En esa primera práctica pasé del piloto automático a estar más presente no pensando en qué dolor vendría después o si no me podía mover en un día . Bajó el ruido en la cabeza y apareció sitio dentro de mi para sostener lo que sentía sin colapsar. Me dio ganas de seguir porque no eran teorías: era algo concreto.

¿Y qué cambió? Empecé a leer señales tempranas y a anticipar los brotes. Cuando veía que asomaban, podía bajarles la intensidad y cortar la cadena. Gané margen de decisión en el día a día: parar antes, hacer unas respiraciones, elegir con más calma, poner límites y tratarme con más amabilidad. No fue de golpe; fue paso a paso . Y, sobre todo, me devolvió la sensación de que yo llevaba el ritmo y no al revés.

4. Para quienes no lo conocen, ¿podrías explicar de forma sencilla qué es la respiración consciente continua y cómo funciona en una sesión?

Es respirar por la boca, enlazando inhalación y exhalación sin pausas y con atención. Esa primera fase activamos el sistema nervioso simpático (la parte de alerta) de forma segura y acompañada; así el cuerpo afloja bloqueos y empiezan a asomar emociones y memorias corporales también de cosas que quizá no recuerdas, pero el cuerpo sí guardó. La mente baja la guardia y lo que pesa encuentra salida.

Después hacemos una apnea breve para regular y “reordenar” el ritmo de respiración y entrar en el sistema nervioso parasimpático.

Cerramos con una hipnomeditación corta con respiración por la nariz: sirve para asentar lo vivido, llevar el sistema a modo descanso y acompañar la emoción o situación que tu cuerpo pida ese día.

Todo es guiado y amable: si aparece emoción, la sostenemos; si necesitas parar, paramos. No hay que entenderlo con la cabeza: es una práctica corporal que te da un camino claro para liberar sin exigencias.

5. ¿Por qué crees que este tipo de terapia puede ayudar a personas con fibromialgia o dolor crónico?

Porque no va solo al síntoma: trabaja cómo estás por dentro cuando llevas años con dolor —tensión, hipervigilancia y emociones sin salida—. La respiración consciente continua le da al cuerpo un camino seguro para soltar sin colapsar y empezar a cambiar el patrón.

  • Rompe el bucle dolor → miedo → más tensión → más dolor, creando más espacio interno para el día a día.
  • Cuando hablar no alcanza. Muchas veces sabes que hay algo, pero no encuentras palabras. Aquí no hace falta explicarlo todo: el cuerpo habla primero. Se abre ese rinconcito donde está guardado y puedes soltar una parte —a veces en suspiros o lágrimas— sin tener que revivirlo ni contarlo.
  • Más margen antes del pico. Aprendes a leer señales tempranas y a parar a tiempo, en lugar de llegar al colapso.
  • Efecto antiinflamatorio. Al cerrar en modo descanso, el cuerpo tiende a bajar la carga de estrés y a activar respuestas antiinflamatorias de forma progresiva.

6. ¿Cómo es una sesión contigo, tanto online como presencial? ¿Qué puede esperar alguien que viene por primera vez?

La mayoría de mis sesiones son online por videollamada. Me gusta porque puedes estar en tu espacio, tranquila, sin perder tiempo en desplazamientos. También trabajo presencial  en grupo cuando lo pide el proceso. Los grupos son como talleres: elegimos una emoción que casi todas compartimos —culpa, tristeza, miedo— y la trabajamos con ejercicios sencillos y respiración, sin exigencias. Las uno a uno son más íntimas: estoy contigo, atenta a cómo llegas ese día y a lo que de verdad necesitas.

Si vienes por primera vez, te voy a escuchar con mucha atención. Necesito conocer tu historia: cómo es tu dolor en un día real, qué te dispara, qué te calma, qué has probado y qué te agotó. Desde ahí construimos la sesión: te explico en dos minutos cómo vamos a trabajar, empezamos con respiración consciente continua por la boca, regulamos con una apnea breve y cerramos con una hipnomeditación suave por la nariz para que el sistema entre en modo descanso. Si aparece emoción, la sostenemos; si algo te incomoda, lo paramos y lo hacemos de otra manera. Suelen aparecer suspiros, hormigueo, temblor fino o ganas de llorar: es normal, es tu cuerpo soltando.

Como coach, después de cada encuentro te dejo ejercicios sencillos y muy practicables para tu día a día: pequeñas respiraciones, micro-pausas, meditaciones para descansar mejor…

Trabajo con cercanía y mucho amor. He pasado por ahí y sé lo que duele. En sesión voy a ver también la parte de ti que sigue intacta,esa luz que vive en ti  aunque ahora te cueste verla. Mi papel es acompañarte y darte herramientas para que tu cuerpo baje la guardia y tú recuperes las ganas.

7. En tu experiencia, ¿qué cambios emocionales o físicos suelen notar tus clientes después de varias sesiones?

Después de varias sesiones, lo que más suele notarse es cambio por dentro: dejan de vivir con el pie en el acelerador todo el día. Aparece calma, baja el ruido en la cabeza y se sienten menos solas por dentro. Empiezan a poner límites con menos miedo, se permiten descansar sin culpa y se tratan con más ternura. También ganan claridad para decisiones pequeñas del día a día: parar antes, decir “hoy no”, pedir ayuda.

En lo físico, el dolor pierde protagonismo: los picos llegan menos fuertes y menos largos, hay menos tensión general y el descanso llega con más facilidad. Muchas me cuentan que la niebla mental deja de ocuparlo todo, que respiran con más amplitud y que recuperan pequeñas cosas que daban por perdidas: caminar un rato, cocinar sin agotarse tanto, disfrutar de una conversación sin terminar desbordadas.

No es un camino perfecto ni lineal. Hay días buenos y días normales. La diferencia es que ya tienen un “cómo” para sostenerse y volver a su centro cuando algo se mueve. Ahí es donde empieza a cambiar la vida cotidiana.

ALMU TERAPIAS CON ALMA 1
ALMU TERAPIAS CON ALMA 2
ALMU TERAPIAS CON ALMA 3

8. ¿Recuerdas algún caso especial que te haya emocionado y que quieras compartir con nosotros?

Pienso en “María”, 42 años. Entró a la primera sesión con la cámara medio baja y una frase que se me quedó clavada: “Estoy cansada de ser fuerte”. Venía con noches malas, picos de dolor, mucha culpa por no llegar a todo y la sensación de ir siempre corriendo por dentro. Empezamos a trabajar con la respiración y, poco a poco, fue encontrando un modo de parar sin sentirse culpable. Recuerdo que, tras la segunda sesión, me dijo: “No sé explicarlo, pero por primera vez he podido estar conmigo sin pelearme”.

A partir de la tercera–cuarta, ocurrió algo precioso y muy práctico: empezó a reconocer señales tempranas y a frenar la escalada antes del pico. Se regaló pequeñas victorias que para ella eran enormes: pedir diez minutos de silencio en casa sin justificarse, decir “hoy no puedo”, volver a leer un rato por las tardes. El dolor no desapareció de un día para otro, pero dejó de dirigirle el día. Y lo más importante: dejó de sentirse sola todo el día.

No fue un camino perfecto; hubo días regulares. La diferencia fue tener un lugar seguro y herramientas sencillas para aplicar en cualquier momento.

9. Muchas veces la fibromialgia se vive en soledad. ¿Qué papel juega la escucha y el acompañamiento en tu forma de trabajar?

Muchas personas con fibromialgia se sienten solas incluso rodeadas de gente. Como “te ven bien”, creen que estás bien; no te creen, no te comprenden. Eso duele y te hace cerrarte.

Para mí, escuchar es creerte a la primera. Es mirar tu día real y poner nombre —sin maquillarlo— a lo que pesa. También es hacer sitio cuando no hay palabras: sostener silencios, lágrimas o rabia sin apresurarlo. Cuando te creen de verdad, el cuerpo baja un punto y deja de pelear por defenderse.

El acompañamiento es no dejarte sola con eso. Es presencia, estar a tu lado cuando tiembla y también cuando llega un pequeño alivio. Es un lugar seguro al que volver, donde no tienes que justificarte y puedes abrirte sin culpa.

 Muchas me dicen: “por fin no tengo que explicar y defenderme todo el rato”.

 10. ¿Qué es lo que más disfrutas de ayudar a personas con fibromialgia?

Lo que más disfruto es dar lo que yo no tuve en mi peor momento: un lugar de comprensión, de apoyo real, un espacio solo para ellas. Que se sientan escuchadas y creídas sin tener que justificarse.

Y hay algo muy concreto que me mueve por dentro: esa primera sonrisita  en alguien que lleva mucho tiempo sufriendo. A veces es apenas un gesto, pero dice “quiero seguir”. Con fibromialgia es fácil rendirse: te repiten que no tiene cura, te acostumbras al dolor y al final no es vida, es sobrevivir. Cuando en sesión aparece esa chispa —aunque sea pequeña— y veo que vuelve un poquito de ganas, ahí sé que merece la pena todo.

11. ¿Y qué es lo más difícil que te has encontrado en este camino como terapeuta?

Lo más difícil es cuando alguien llega sin esperanza. Te mira y te dice “no puedo más”, “no veo salida”. Se me encoge el pecho porque yo estuve ahí: también pensé que esto no era vida y que… ¿para qué seguir?

Cuesta sostener ese cansancio y esa soledad de quien no se siente creída porque “como te ven bien…”. Duele ver cómo se piden perdón por llorar o cómo cargan con la culpa de no poder con todo. Hay días sin fuegos artificiales: de aguantar el silencio, de acompañar una noche larga, de celebrar algo tan simple como dormir un poco mejor o poder decir, en bajito, “hoy llegué hasta aquí”. Esos días también cuentan.

12. ¿Cómo complementa tu terapia con los tratamientos médicos tradicionales que siguen muchos pacientes?

La sanidad hoy va muy rápido: te atienden en pocos minutos, te dan una pauta y al siguiente. Lo respeto; hacen lo que pueden. Mi trabajo va a otro ritmo: lento, individual, contigo. Mientras lo médico pone nombre y marca el tratamiento, conmigo trabajas lo que se queda dentro cuando no hay tiempo ni palabras.

La respiración consciente continua no sustituye nada; acompaña. Le da al cuerpo oxígeno y presencia donde llevas años apretando, para que baje la guardia y tenga un canal real de descarga. Y cuando cerramos por la nariz, la respiración favorece la liberación natural de óxido nítrico, algo que ayuda a que el aire circule mejor y el sistema encuentre un tono más calmado. Es natural porque usamos tu propio cuerpo: aire, ritmo y atención.

¿En qué se nota? Llegas a tus citas menos en guerra por dentro, duermes un poco mejor, te resulta más fácil notar y contar cambios de sueño, dolor o energía para que tu médica ajuste lo que haga falta. Yo no toco medicación ni diagnósticos; sumo un espacio cuidado donde lo invisible se ordena y lo médico cunde más.

 13. Si una persona recién diagnosticada de fibromialgia te pidiera un consejo, ¿qué le dirías para dar sus primeros pasos?

Lo primero: paciencia. Acabas de recibir un nombre para algo que te lleva pasando mucho tiempo, pero ese nombre no eres tú. No eres una enfermedad ni una etiqueta. Eres una persona, con tu historia, tu fuerza y tus días difíciles. El camino no lo marca el diagnóstico; lo marcas tú, paso a paso.

También te diría algo que me habría gustado escuchar: no estás sola. Aunque a veces parezca que nadie te cree porque “te ven bien”, tu dolor es real. Busca un lugar donde te escuchen de verdad y te crean sin que tengas que defenderte todo el rato. Yo te creo.

Para empezar, cuida lo muy básico y hazlo con suavidad: date permiso para descansar sin culpa, nota qué cosas te disparan y cuáles te calman, y reserva cada día un pequeño espacio para ti y haz algo que te llene el alma.

 14. Además de las terapias, ¿qué hábitos o cambios de vida recomiendas para mejorar la calidad de vida con fibromialgia?

Yo recomiendo cosas muy sencillas y muy humanas: tratarte con ternura y llevar el día a tu ritmo, no al de la cabeza. Si hoy no puedes, no pasa nada; mañana lo intentamos otra vez, sin culpa.

Muévete aunque sea poco. Un paseo corto, estirar en la cama o bailar una canción que te guste.

Cuida la noche con un ritual simple: luces bajas, pantallas fuera y unas respiraciones suaves por la nariz antes de dormir. Que la cama sea un lugar de descanso, no de pelea.

Regálate cada día un rato solo para ti. Leer, música, plantas… lo que de verdad te cambie un poquito la vibración del cuerpo y te dé aire por dentro.

Y, sobre todo, búscate lugares donde te crean.

15. Para terminar, ¿dónde pueden encontrarte quienes quieran contactar contigo o reservar una sesión?

Estoy en Instagram como @almuterapiasconalma. Ahí comparto vídeos, experiencias y me puedes escribir por mensaje directo; te leo siempre.

También en mi web: www.almuterapiasconalma.com. Encontrarás más información y la opción de reservar sesión o dejarme tu contacto.

 

Queremos dar las gracias a Almudena por compartir su tiempo y su experiencia con nosotros. Su historia nos recuerda que, aunque la fibromialgia puede ser un camino duro y lleno de obstáculos, existen personas y terapias que pueden marcar la diferencia en nuestro día a día. 

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