Entrevista INTEGRA SALUT
En esta entrevista hablamos con Ana González, de Integra Salut, una profesional que aporta una mirada integradora y humana sobre el dolor crónico y la fibromialgia.
Ana también es la impulsora y organizadora de la Cumbre sobre Fibromialgia del 12 de Mayo.
A lo largo de la conversación, exploramos cómo entender mejor lo que nos ocurre, qué herramientas pueden ayudarnos en el día a día y, sobre todo, cómo recuperar poco a poco el control y el bienestar.
Ana, tu lema es “te ayudo a entender tu enfermedad y recuperar tu vida”. ¿Por qué consideras que entender la fibromialgia es el primer paso para mejorar?
Porque entender la fibromialgia no es saber los síntomas que tienes, es comprender por qué han aparecido, qué los activa y qué los desactiva.
En mi experiencia, tanto personal como profesional, el gran cambio vino cuando conocí la educación en neurociencia del dolor. Ahí entendí algo clave: dolor y daño no son lo mismo.
Y eso lo veo constantemente en mis alumnas. Cuando terminan el programa y les pregunto qué ha sido lo más importante, la respuesta siempre es la misma: entender.
En muchos de tus vídeos hablas directamente a la persona con fibromialgia. ¿Qué mensaje repites una y otra vez porque crees que es clave que se grabe en la mente?
Que su cuerpo no está roto.
Lo que ocurre es que su sistema nervioso vive en un estado de amenaza constante, en un estado de alerta.
Y cuando entienden esto, empiezan a comprender sus síntomas… y también la solución.
Porque si el cuerpo vive en amenaza, el camino es devolverle seguridad.
Desde tu experiencia como fisioterapeuta, ¿cómo explicas a alguien recién diagnosticado qué está pasando en su cuerpo?
Le explico que su cuerpo le está hablando.
Que ese estado no aparece de la nada y que, en muchos casos, necesita tiempo para volver a su equilibrio.
Y algo muy importante: permitirse parar de verdad. No como rendición, sino como parte del proceso.
La fibromialgia suele generar dudas porque no se ve “desde fuera”. ¿Cómo ayudas a tus pacientes a validar lo que sienten y no minimizarlo?
Lo primero es creerlas.
Siempre he creído a mis pacientes. Nadie viene a consulta a inventarse un sufrimiento.
Y a partir de ahí, entender que cada síntoma, aunque no se vea, puede ser profundamente limitante.
Validar es escuchar y reconocer el impacto real que tiene en su vida.
Dices que muchas veces luchamos contra “el enemigo equivocado”. ¿Podrías explicar a qué te refieres?
Muchas personas creen que su enemigo es su cuerpo.
Que si les duele algo, ahí está el problema.
Pero el cuerpo no es el enemigo, es el mensajero.
Cuando dejamos de luchar contra él y empezamos a escucharlo, cambia completamente el enfoque.
En tus publicaciones hablas de recuperar la vida más allá del dolor. ¿Qué cambios pequeños pero significativos sueles recomendar?
No son cambios tipo “haz esto o aquello”.
Son cambios en cómo te relacionas contigo, con tu cuerpo y con lo que te ocurre.
Por ejemplo, pasar de vivir en un mundo percibido como hostil a empezar a sentirlo como un lugar más seguro.
Ese cambio lo transforma todo.
Muchas personas con fibromialgia sienten que su energía es limitada. ¿Qué estrategias propones?
El enfoque no es gestionar mejor la energía… es recuperarla.
Y aquí hay algo clave: el movimiento.
Pero no cualquier movimiento, sino uno que sea gradual, seguro y agradable.
Además, aprender a no gastarlo todo en los días buenos es fundamental para que el sistema pueda recuperarse.
¿Qué papel juega el movimiento en el manejo del dolor crónico?
Es una de las herramientas más importantes.
Pero debe introducirse desde la exposición gradual.
Haciendo menos de lo que crees que puedes hacer.
Porque muchas veces, haciendo menos… consigues más.
El sueño es otro gran problema. ¿Qué aconsejas?
Curiosamente, muchas de las cosas que hacemos para intentar dormir mejor son en realidad conductas que mantienen activo el problema, y esto es algo que trabajamos mucho en Fibroterapia.
Por eso no estoy de acuerdo con “los hábitos del sueño”.
El foco no debería estar en “hacer cosas para dormir”, sino en generar seguridad y calma a la hora de ir a la cama.
Porque un sistema en alerta no puede descansar.
¿Cómo explicas que el dolor no siempre significa daño físico?
Con un ejemplo sencillo: el dolor es como una alarma.
Puede haber fuego… o puede haber una alarma que suena sin que haya un peligro real.
Y esto es clave entenderlo.
Imagina que te clavas un cristal en el gemelo.
Esa información llega al cerebro.
Si el cerebro ve el cristal, ve la herida, ve la sangre… lo más probable es que sientas dolor.
Pero imagina otra situación: te clavas ese mismo cristal, pero en ese momento hay un incendio, hay humo, hay explosiones y necesitas salir corriendo.
En ese caso, es muy probable que ni siquiera sientas ese dolor.
¿Ha habido daño? Sí.
¿Siempre hay dolor? No.
Esto nos muestra que el dolor no depende solo del tejido, sino de cómo el cerebro interpreta la situación.
Y en la fibromialgia, lo que ocurre muchas veces es que ese sistema de alarma está hiperactivado.
El cerebro interpreta peligro incluso cuando no lo hay, y por eso aparecen síntomas como dolor, fatiga o hipersensibilidad.
Entender esto no invalida el dolor.
Al contrario: lo explica… y abre una puerta a poder cambiarlo.
¿Qué errores frecuentes ves?
Hay tres patrones que veo constantemente en personas con fibromialgia, y lo importante es que todos tienen sentido… pero también mantienen el problema.
El primero es la evitación por miedo.
Cuando algo duele o activa síntomas, lo más lógico es evitarlo.
El problema es que, a largo plazo, esa evitación hace que el sistema se vuelva cada vez más sensible.
Cada vez tolera menos, cada vez reacciona antes.
Y la vida se va haciendo más pequeña.
El segundo es la lucha constante, lo que yo llamo “la guerrera”.
Personas que tiran, que siguen, que no paran nunca.
Y aunque eso les ha ayudado a mantenerse activas durante mucho tiempo, también mantiene al sistema en un estado de exigencia y alerta constante.
Aquí el cambio no es rendirse, sino aprender a dejar de luchar con el cuerpo.
Y el tercero es la búsqueda sin parar sin profundizar.
Personas que prueban muchas cosas, saben mucho… pero no llegan a integrar nada.
Van de una cosa a otra sin dar tiempo a que un proceso haga efecto.
Y eso genera frustración y sensación de “nada funciona”.
Y cada uno de estos caminos tiene su salida:
- La evitación necesita exposición gradual y segura
- La lucha necesita parar y soltar el control
- Y la búsqueda necesita confianza y compromiso con un proceso
Porque no se trata de hacer más cosas…
sino de hacer las adecuadas, en el momento adecuado y desde otro lugar.
¿Qué herramientas encuentran en tu escuela online?
Lo que encuentran no es solo información, sino un proceso estructurado y acompañado, aplicado a su caso real.
Trabajamos en tres grandes pilares:
El primero es entender.
Aquí introducimos la neurociencia del dolor y, sobre todo, el autoconocimiento.
La persona empieza a comprender qué está pasando en su cuerpo, qué activa sus síntomas y por qué se mantienen.
Esto ya genera un cambio muy importante, porque deja de sentirse perdida y empieza a tener claridad.
El segundo es exponerse.
Pero no de cualquier manera.
Hablamos de exposición gradual, segura y acompañada, especialmente a través del movimiento.
La persona vuelve a hacer cosas que había dejado de hacer, pero desde otro lugar, con experiencias que no le pasan factura.
Aquí empieza a recuperar confianza en su cuerpo.
Y el tercer pilar es expresar, que es el trabajo emocional.
Aprenden a identificar qué hay detrás del síntoma, qué emociones, qué situaciones o qué patrones están influyendo.
Y lo trabajan de forma guiada, para que no se quede solo en entenderlo, sino en integrarlo.
Todo esto no se hace de forma aislada.
Está acompañado, adaptado a cada persona y pensado para que lo pueda aplicar en su día a día.
Porque el objetivo no es solo saber más…
sino integrar el abordaje.
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¿Qué importancia tienen las emociones?
Fundamental.
Muchas veces, cuando empezamos a trabajar y se van quitando capas —el dolor, la fatiga, las conductas de dolor—, lo que aparece debajo es esa parte emocional que no ha sido atendida.
Y no porque esté “mal”, sino porque no hemos aprendido a relacionarnos con ella.
Muchas personas con fibromialgia llevan años sintiendo, pero sin espacio para expresar, sostener o entender lo que les pasa por dentro.
Y el cuerpo, de alguna manera, acaba expresando lo que no ha podido salir de otra forma.
Por eso, en el proceso no se trata solo de entender el dolor o de moverse mejor.
Se trata de aprender qué hacer cuando aparece una emoción, cómo sostenerla sin desbordarse y cómo no entrar automáticamente en las mismas respuestas de siempre.
Cuando una persona cambia la relación con sus emociones, cambia la relación con su cuerpo.
Y eso transforma completamente el proceso.
Porque ya no solo responde distinto al síntoma…
responde distinto a lo que le sucede en la vida.
¿Qué consejo darías a familiares?
Simplemente que estén.
Puede parecer sencillo, pero es lo más importante… y también lo más difícil.
“Estar” no es intentar arreglar, ni buscar soluciones constantes, ni decirle a la persona lo que tiene que hacer.
Muchas veces, lo que más necesita alguien con fibromialgia es sentirse escuchada, comprendida y no juzgada.
Escuchar sin interrumpir, sin corregir, sin minimizar.
Sostener sin invadir.
Y respetar su proceso, incluso cuando no lo entiendas del todo.
Porque hay algo importante: cada persona necesita encontrar su propio camino.
Puedes acompañar, puedes mostrar opciones, pero no puedes recorrerlo por ella.
Y eso, como familiar, a veces es lo más duro.
Pero cuando una persona siente ese apoyo —ese “estoy aquí contigo, sin presión”—, su sistema también empieza a sentirse más seguro.
Y ese entorno seguro forma parte del proceso.
¿Puedes compartir una historia inspiradora?
He visto muchas, pero hay una que me marcó especialmente: la de Ari.
Ari es de Argentina. Llegó sin poder jugar con su hija, sin poder trabajar, con una vida muy limitada.
Y además, con una situación económica complicada, como viven muchas personas allí.
Y esto es importante decirlo, porque muchas veces nos quedamos atrapadas en el “no puedo” o en “con mi situación es imposible”.
Y sin embargo, poco a poco, empezó a entender lo que le estaba pasando, a aplicar pequeños cambios y a exponerse de forma segura.
Primero recuperó cosas muy pequeñas.
Luego volvió a moverse.
Después empezó a hacer deporte, a jugar al baloncesto que era su meta imposible. Hasta terminó entrenando crossfit.
Y con el tiempo no solo recuperó su vida, sino que se formó como terapeuta del dolor y hoy acompaña a otras personas en su proceso, trabajando incluso con personas de España.
Y esto no es un caso aislado.
Y esto no es un caso aislado.
Son más de 100 mujeres las que ya han recorrido este camino con Fibroterapia, un programa de 6 meses donde mi equipo y yo acompañamos de forma cercana a cada una para que encuentre su propio proceso y su propio camino de recuperar su vida.
Y para mí esto es lo más importante:
estos cambios no ocurren de golpe.
Ocurren paso a paso, con comprensión, con práctica y con acompañamiento.
Por eso, en la Cumbre Internacional de Fibromialgia, que vamos a celebrar el 12 de mayo, vamos a dar espacio también a estas historias reales.
Porque escuchar a otras mujeres que han recorrido este camino no solo aporta información…
aporta posibilidad.
No significa que tu camino vaya a ser igual,
pero sí puede ayudarte a empezar a creer que el cambio también puede ser para ti.
Si tuvieras que resumir tu enfoque en una frase…
Que es posible.
Y que acompañada es mucho más fácil.
¿Qué próximos pasos tienes en Integra Salut?
Ahora mismo, el proyecto más importante es la Cumbre Internacional de Fibromialgia.
Un espacio donde hemos reunido a profesionales especializados en dolor crónico y fibromialgia, muchos de ellos mis propios mentores.
El objetivo es ofrecer diferentes miradas, para que cada persona pueda encontrar el enfoque que más le resuene.
Porque no hay un único camino, pero sí hay caminos.
Y esta cumbre es una oportunidad para empezar a verlos.
Esperamos que esta entrevista te haya aportado claridad, nuevas ideas y, sobre todo, un poco de esperanza.
Porque aunque el camino con fibromialgia no siempre es fácil, contar con información, acompañamiento y herramientas adecuadas puede marcar una gran diferencia.
Gracias, Ana, por compartir tu experiencia y tu enfoque con nuestra comunidad.








