Prepárate! porque vas a leer una muy, muy interesante entrevista que hemos hecho a María Pilar, de https://escuchabiologica.com/

 

María Pilar, para quienes no te conocen todavía, ¿cómo te presentarías en pocas palabras?

Soy una psicóloga disruptiva, una mujer creativa que a pesar de las dificultades mira a la vida con una sonrisa. La fibromialgia me lo hizo pasar mal, pero me ayudó a descubrirme verdaderamente. Así que como dijo el sabio, “sonrío por mí, por lo que soy y porque lo merezco”.

¿Recuerdas el momento en que escuchaste por primera vez el diagnóstico de fibromialgia y síndrome de fatiga crónica? ¿Qué pasó por tu cabeza en aquel instante?

Como le pasa a la gran mayoría, llegué a ese diagnóstico después de pasar por muchos especialistas. Antes de recibir el diagnóstico de fibromialgia y fatiga crónica me hicieron unos análisis de sangre que mostraban que los marcadores relacionados con el Lupus estaban elevados por lo que me dieron unas pautas preventivas y me invitaron a “cuidarme más”. Todo era muy confuso e impreciso, por lo que tener un diagnóstico claro de fibromialgia y fatiga crónica suponía un alivio.

La parte mala es que el reumatólogo que me dio el diagnóstico, de una clínica privada muy prestigiosa, me dio también el pronóstico de una vida en silla de ruedas en menos de 8 años y sin capacidades intelectuales. Según él, no podría hacer ni una sopa de letras en cuestión de pocos años.

Fue uno de los peores días de mi vida, pero reconozco que salió mi parte más tozuda y luchadora y me negué a aceptar sus palabras como verdad absoluta. No sabía qué haría en ese momento, pero no iba a consentir que tuviese razón. Tenía 32 años y muchos planes por realizar.

¿Qué fue lo más difícil de convivir con la fibromialgia en tu día a día?

En ese momento yo tenía poco más de 30 años y era una persona incapaz de expresar mi malestar a mis seres queridos. Estaba convencida de que si lo hacía, les perjudicaría “y bastante tenían con sus problemas”, por lo que lo peor era soportar toda la tristeza, la frustración, la angustia y la desesperanza que llevaba a cuestas yo sola.

Todos esos sentimientos y emociones provocan un empeoramiento físico que retroalimenta el estado emocional, y con eso es muy difícil convivir.

Se suponía que teniendo una oposición aprobada, pareja y una casa con hipoteca debía ser feliz, pero cada día me encontraba peor. Era muy difícil para mí encontrarle lógica a lo que me estaba sucediendo.

Y lo más importante: ¿qué cambió dentro de ti para empezar a ver la vida de otra manera y abrirte a la biodescodificación?

Era el año 2010 y yo estaba convencida de que lo mío no tenía solución. Me estaba mentalizando que mi vida sería cada vez peor porque “así tenía que ser”. Una compañera de trabajo me hablaba de esta metodología que a ella le había ayudado mucho, pero yo pensaba internamente “eso funcionará con chorraditas como las que tú tienes, pero no con esto tan GRAVE que me pasa a mí” (con todo el respeto a sus chorraditas porque no lo eran, pero yo era la gran víctima en ese momento).

Entre toda la información que leía en internet, no encontraba nada relacionado con la Biodescodificación, pero como es habitual, hubo un día que estaba tan desesperada que accedí a llamar y solicitar una sesión con el psicólogo que realizaba esta terapia.

Fue muy desagradable para mí: por primera vez alguien me decía con la crudeza de la verdad que está esperando ser escuchada que yo estaba cargando con un peso familiar que me estaba partiendo en trocitos. Era un pilar que se estaba desmoronando por cargar con lo que no le correspondía. Sus palabras hicieron caer el velo que tenía sobre mis ojos. Fueron un antes y un después.

A partir de entonces me di cuenta de que no podía seguir siendo alguien que renunciaba a sus deseos e ilusiones por satisfacer a los demás. Decidí ponerme yo en primer lugar, aprender a decir que “no”, y hacer terapia, por supuesto. Me di cuenta de que era una persona profundamente desvalorizada que tenía que recuperar su autoestima y cambiar completamente el concepto que tenía de mí misma.

 

Mucha gente oye hablar de “biodescodificación” y no termina de entender qué es. ¿Cómo lo explicarías de forma sencilla, como si se lo contaras a un amigo tomando un café?

Es un método que te permite identificar el estrés emocional que cargas en silencio y está en el origen de tus síntomas. A nadie nos extraña que un amigo esté cuidando a un ser querido que está muy grave en el hospital y apenas coma o duerma. Sabemos que es una situación muy estresante que produce estos efectos. Con Biodescodificación identificamos la situación estresante que puede llevar semanas, meses o años activa de forma silenciosa.

La biología trata de aliviar por sus propios medios ese estrés, pero cuando se mantiene durante mucho tiempo activo, es la propia biología la que pasa a manifestar un desequilibrio físico con el objetivo de llamar la atención consciente de la persona e invitarle a resolver o vaciarse de ese estrés. Estamos demasiado acostumbrados a vivir con estrés, lo normalizamos y lo justificamos, pero para nuestra naturaleza eso no es normal.

Cuando haces la conexión entre el mensaje oculto en tus síntomas y la situación estresante, se produce una toma de consciencia que si se sostiene con acciones, te permite un desarrollo personal inigualable. La Biodescodificación no se limita a ver la causa del estrés, te acompaña a cambiar creencias limitantes y a tomar acción para hacer los cambios que sean necesarios para restituir la coherencia interna propia.

¿Cuál fue tu primera experiencia personal con la biodescodificación?

Como te he contado, fui bastante descreída a la sesión. Iba por pasar el rato, pero todo cambió esa tarde. Era una sesión grupal en la que nos dedicaban poco tiempo a cada participante pero fue suficiente para romper mis patrones de “tienes que ser la buena y aguantarlo todo” y permitirme descubrirme a mí misma. Esto que descubrí no se sostiene solo y cada día pongo consciencia en quién soy y cómo quiero manifestarlo al exterior.

¿Hubo un momento “click” en el que dijiste: “esto funciona, esto es lo mío”?

Aproximadamente dos meses después de esa sesión, el mismo psicólogo hacía un taller de fin de semana de Biodescodificación y recuerdo que fui andando hasta la sede con tacones. Llevaba muchos meses sin ponerme tacones porque me agotaba. Cuando llegué, le dije, no sé qué ha pasado pero soy otra persona.

En realidad sí que sabía lo que había pasado, pero era difícil de explicar.

No quiero decir que en la primera sesión hubiera fuegos artificiales y bajasen unos ángeles tocando trompetas celestiales que me devolvieron la salud. Hubo una toma de consciencia transformadora que me permitió empezar a hacer cambios. Yo soy una de las personas de las que hablan tantos estudios científicos que demuestran que hasta el 88% de los pacientes con fibromialgia y fatiga crónica han sufrido malostratos de cualquier tipo durante su infancia (Combas et al., 2022).

Eso, además de dejar una huella muy profunda, configura una estructura psíquica que hay que transformar con mucho mimo y cuidado, y mi primer paso fue permitirme decirle a mis allegados que yo era una víctima del maltrato físico y psicológico. Lo llevaba ocultando 32 años.

A partir de ahí, con mucha valentía fui poniendo límites y eso me hacía sentir cada vez mejor. Esa era la prueba que me decía que tenía que seguir por ese camino. Con cada vez que decía “no” en lugar de decir “sí” con miedo a las consecuencias, algo en mí cambiaba.
A día de hoy, y hasta el día que me vaya de aquí, estaré atenta para que no se activen en mí esos patrones de desvalorización, miedo e inseguridad.

Y le doy gracias a las enfermedades, porque de no haber sido por ellas, no habría podido evolucionar como persona. No ha sido nada fácil, pero sí es muy gratificante el resultado. La huella del maltrato está en mí, pero no determina mi vida a día de hoy

Pasar de ser paciente a acompañar a otros es un salto enorme… ¿Qué te empujó a dar ese paso?

Cuando me dieron los diagnósticos yo era funcionaria, había aprobado con 23 años la oposición entre otras cosas, motivada por salir de mi casa familiar donde el ambiente era muy dañino. Digamos que económicamente no tenía más problemas que los de pagar la hipoteca felizmente a final de mes, pero ir a trabajar allí ya no era satisfactorio.

Amigas y personas muy cercanas me decían “quiero eso que a ti te ha devuelto la sonrisa. Ayúdame”. Y es tan, tan gratificante convertir el plomo del dolor y el sufrimiento en el oro de la ayuda a los demás, que decidí dedicarme a eso a tiempo completo.
Es mi vía de darle un sentido a las dificultades por las que he pasado. Mi profesión actual da sentido y propósito a mi vida.

 

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En tu experiencia, ¿qué emociones suelen estar más escondidas detrás del dolor físico?

Cuando hablamos de emociones que nos llevan a somatizar hablamos de tristeza, miedo, rabia y asco, pero lo que nos lleva a sufrir dolor son las emociones, pensamientos y sentimientos que son muy intensos y no son expresados. Todas las emociones son necesarias porque nos protegen frente ataques, nos ayudan a asimilar información o nos evitan peligros, pero cuando son reprimidas durante mucho tiempo es cuando empiezan los problemas.

Además, la mayoría no estamos educados en inteligencia emocional y más allá de identificar estas emociones básicas nos cuesta identificar los sentimientos que las acompañan, por lo que pedir ayuda resulta más complicado.

No debemos olvidarnos de las creencias limitantes que nos dificultan la gestión emocional. Para mí era importante no preocupar a nadie, estar siempre a disposición de todos, no hacer enfadar a nadie, no llamar la atención… y debido a ellas estuve muchos años siendo alguien que en el fondo no quería ser. Estas creencias que suelen surgir en la infancia deben ser identificadas y sustituidas por las creencias que como personas adultas elegimos que formen nuestra estructura vital.

¿Qué le dirías a alguien que está ahora mismo lidiando con el dolor crónico y siente que ha probado de todo sin resultados?

Entiendo lo dura que es la situación que están pasando y quiero recalcar los estudios que demuestran que casi un 90% de las personas con dolor crónico han sufrido maltrato físico, sexual, psicológico o relacional. Como psicóloga sé que muchos compañeros y compañeras no están a gusto entrando a profundizar en estos traumas, y muchos de los bloqueos que impiden la mejoría se encuentran aquí. Si es el caso de alguna de las personas que nos está leyendo quiero decirle que confíe en un buen profesional y se dé el tiempo y el mimo para vaciarse del dolor emocional que acumula.

¿Cómo es un día normal en tu vida actualmente, comparado con aquellos años de dolor y limitaciones?

Nunca he sido una gran deportista (en el colegio no era de las mejores en educación física), pero ahora mi rutina diaria incluye tiempo para el running, algo inimaginable cuando me encontraba enferma. Es algo que tantos años después sigo celebrando. En cada carrera me felicito por haberla llevado a su fin. Da igual si he hecho 3, 5 ó 10 km, sé que es una victoria para una mente construida en “tú no puedes”. La primera media maratón que corrí no la olvidaré jamás. Cada kilómetro que corría era una proeza: esa mujer a la que le dijeron que iría en silla de ruedas estaba felizmente corriendo 21 km.

 

En tu web compartes recursos, cursos, incluso libros… ¿Qué parte disfrutas más de tu trabajo actual?

Soy una persona muy creativa y mi trabajo actual me permite innovar, cambiar, crear, incluso perder los nervios por tener tanta creatividad en marcha 😉

Las sesiones con mis clientes nunca son iguales y también disfruto mucho con ellas. Ahora mismo hay mucha gente que está usando la inteligencia artificial como apoyo psicológico y eso es un gran reto para los profesionales (además de un peligro para quienes la usan), por lo que tenemos que saber poner en valor más lo que nos diferencia de las máquinas.

¿Cómo combinas el respeto a la medicina tradicional con la propuesta de la biodescodificación?

La medicina alopática o convencional cuenta con el respaldo de la ciencia que es inmenso, pero lamentablemente no soluciona todos los problemas de falta de salud de la población. ¿Por qué no aplicar la sabiduría de las metodologías que llevan años o incluso siglos entre nosotros para mitigar el dolor o el malestar?

En mi caso, la ciencia convencional no me ofrecía soluciones. Me ofrecía parches, pero gracias a la Biodescodificación llegué a la raíz de mis problemas. En la medida que necesito un médico, le consulto, y en la medida que necesito practicar yoga, mindfulness o asistir a otros tipos de terapias complementarias, las aplico.

Eso sí, siempre con profesionales serios y responsables. Si tenemos la suerte de contar con tantos tipos de terapias, ¿por qué limitarnos a un solo tipo de remedio?

Considero que es importante que tengamos información de los pros y los contras de cada terapia y seamos libres para elegir en base a nuestras preferencias. Sin miedos ni coacciones.

Dicen que escuchar al cuerpo es un arte. ¿Cuáles son esas señales pequeñas que solemos pasar por alto?

Como bien dices, las pequeñas señales son las más importantes, pero son las que más acostumbrados estamos a ignorar.
En Biodescodificación partimos de una premisa: el dolor físico es proporcional al dolor emocional. Esto quiere decir que si me levanto con un dolor ligero de cabeza, puede ser porque me acosté dándole vueltas a un problema leve al que sé que le voy a encontrar una solución rápida. Pero si lo que tengo es un dolor de cabeza que me paraliza durante una semana en la cama, el conflicto emocional que hay en su origen es mucho mayor.

Si el dolor físico es leve, el conflicto emocional es leve. Si el dolor físico es grave, el conflicto emocional es de gran consistencia.
Por lo tanto, sin obsesionarse, lo ideal es partir de la idea de que el cuerpo no se vuelve loco, no es una máquina rota que funciona sin sentido y nos produce dolor.

Hay una lógica biológica que nos ordena. Si tengo una pequeña molestia y me pregunto, “¿qué situación me está costando gestionar? ¿Qué es eso que me ha roto la paz y estoy rumiando en mi cabeza?”, por pequeño que nos parezca, puede llevarnos a frenar esa bola de nieve que se puede hacer muy grande si dejamos que siga rodando en nuestro interior.

Si tuvieras que resumir en una frase el mensaje que quieres transmitir con Escucha Biológica, ¿cuál sería?

Escucha Biológica es el nombre de mi web y se basa en el proceso básico de la Biodescodificación: escuchar al cuerpo. Si nos acostumbramos a ver a nuestro cuerpo como un aliado y no como un extraño que nos hace la vida imposible, es decir, si hacemos las paces con él y le escuchamos, recuperamos lo más valioso que tenemos: nuestra verdad.

Incorporar los principios básicos de la Biodescodificación es de gran utilidad para cualquier persona en cualquier momento.

 

Vamos con algo más personal: ¿qué te recarga las pilas en un día complicado?

Soy una persona muy espiritual, que no religiosa, y en los días complicados intensifico mi conexión con lo espiritual, con el sentido de lo que estoy viviendo, con la trascendencia.

La vida es puro aprendizaje, y aunque a veces no queremos aprender más, no nos queda más remedio que afrontar la prueba (solos o pidiendo ayuda) y avanzar en nuestro camino.

Y para terminar, si volvieras atrás y pudieras hablar con aquella María Pilar recién diagnosticada, ¿qué consejo le darías?

Que no se diga tantas veces “qué tonta has sido, ¡¿cómo has podido aguantar tanto!?”. Me lo he reprochado muchas veces y no me ha ayudado nada. Cada persona estamos en un proceso propio y particular y no podemos compararnos y exigirnos haber dado más cuando no podíamos.

 

Gracias, María Pilar, por abrirnos tu corazón y contarnos tu experiencia de vida. Historias como la tuya son un faro para quienes están en plena lucha con el dolor crónico o simplemente buscan una forma más consciente de vivir.

Te deseamos que sigas acompañando a muchas personas en ese camino de escucha y sanación.

>>> Aquí puedes ver otra entrevista posterior a María Pilar en formato VÍDEO

Referencia bibliográfica
Combas, M., Ozturk, E. y Derin, G. (2022). Childhood trauma and dissociation in female patients with fibromyalgia. Medicine, 11(4), 1635-40. Doi: 10.5455/medscience.2022.09.211

>>> Visita la web de María Pilar https://escuchabiologica.com/

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